miércoles, 21 de abril de 2010

La Caldera helada y la maldición Menorquina

Tomar la fruta antes que el resto de la comida. Esa es la clave.
Pablo nos la reveló sabiamente en el viaje a Menorca. Siguiendo el ejemplo de Santi, se duchó a la mañana siguiente con agua fría. ¿Por qué? Muy sencillo.

Cuando llegamos, no había agua caliente y Santi sentía la necesidad de ducharse. Se duchó y se constipó.
A la mañana siguiente, Pablo sintió la misma necesidad, pero gracias a la fruta y a los gritos que pegaba no se constipó. Mientras tanto, Claudia se olvidaba de lavarse el gepeto. ¿O quizá huía del agua fría? Sempere iba poco a poco preparando sus chistes, los cuales le servirían para batirse en duelo. Suay miraba con miedo su chándal molón amarillo fosforescente, rezando por no tener que usarlo en alguna locura de Carrillos como "salir a correr". Todo eso ocurría a la vez que el agua fluía desde la caldera hasta los grifos. Hablo de ese agua caliente que tardó un día en llegar a nuestro poder, dejando dos víctimas (Pablo y Santi) y una importante colaboración con la sequía de España.
Mientras tanto, la noche antes del concierto se escuchó en el albergue a un grupo de saxofones, no todos, interpretando para sus profesores el "Arabbian Gipsy Promenade". Yo estaba leyendo "La Conjura de los Necios" y Santi estudiaba algo relacionado con el instituto.
Edu Sellés lamentaría no haberse traído su barra de ejercicios para mantener a punto sus bíceps y tríceps. No se la trajo por parecer muy friki, y su arrepentimiento surgió cuando vio a Suay, Carrillos y Sempere vestidos para la carrera. Y lo que es peor, Pablo estaba allí listo para correr con una cinta en el pelo.

El día después del concierto comenzaron las clases con Hans de Jong, quien demostró ser un hombre al que le gustaba mucho salir de cervezas con los amigos, ya que usaba ese ejemplo para escenificar cómo se debía tocar. Y lo más curioso es que funcionaba.
Todos nos sorprendimos cuando le dijo a Canini: "Tú eres chulo, ¿verdad?".
No, no lo conocía de antes y nadie le había hablado de él, sencillamente, Don Canini tenía que tocar la "Hot Sonate" de Erwin Schulhoff. Y sí, Schulhoff se puede leer como Chulo.
Ese día fuimos a comer a una academia de cocina y disfrutamos de su servicio y buffet. Por la tarde seguimos con el curso, y algunos nos pasamos toda la tarde estudiando en el aula de tecnología, inventando nuevos estilos para los atriles.
Era miércoles y llegó la noche. Fue esa noche cuando me di cuenta de que en Menorca son del Madrid. Sucedió así.

Estábamos tan tranquilos sentados cenando en el Hostal Ciutadella viendo el fútbol. Jugaba el Madrid contra no sé qué equipo en la champions. Era 10 de Marzo de 2010 y, cómo bien sabrán, fue eliminado de la copa. El caso es que Suay se pasó todo el partido metiéndose con el Madrid y con Christiano Ronaldo (espero que no me denuncie por escribir su nombre en vano). No sé cómo, pero un viejo se levantó gimiendo: "anéuvone capa catalonia" mientras su mujer le decía: "Son de valència". Total, que le dio una crisis y nos acusó de ello. Y cuando se marchaban, furiosos, la señora se giró (por cierto, Claudia estaba a su lado hablando por teléfono) y me señaló con un dedo acusador mientras gritaba: "A tú, a tú". Haciendo amigos gracias a Suay.
Desde entonces Santi me dijo que tenía que caerme para deshacer la maldición, pero conseguimos deshacerla con mucho esfuerzo y reflejos para no caer.
Así que, ya sabéis, cuando vayáis a un bar de menorca y esté jugando el Madrid... ¡¡No os acerquéis a Suay!!

¡Hasta la vista Carrisuayxos!

lunes, 19 de abril de 2010

El regreso

Pues sí, uno vuelve a la carga después de mucho tiempo.
Hace más de un mes que nos fuimos a Menorca y me voy a disponer durante esta semana a contar los por menores del viaje.

Cuando llegamos al aeropuerto pocos podíamos imaginar las aventuras que nos depararía el futuro. Nada más aterrizar en Barcelona tuvimos la primera, ya que el avión, a causa del viento, hizo un giro que puso a los pasajeros de un lado mirando al suelo y a los otros al cielo. Desde la cabina todo es más exagerado pero algunos ya temían por su vida.
Fue el día además que barcelona amaneció nevando y disfrutamos de la nieve, dejando la ciudad antes de que comenzaran los problemas. ¿Qué problemas? Fue dejar la ciudad y empezar a llegarnos noticias de apagones en barcelona, etc. Vamos, que escapamos justo a tiempo.
El viaje a Menorca fue breve y, al aterrizar, notamos como el avión rebotó en el suelo. Pero ya estábamos en tierra firme.
Nos llevaron a las furgonetas que nos acompañarían todo el viaje y comenzó una maratón de chistes y saxos increíble. Conocimos al mayor de los Carrillos, Antonio Carrillos, el cual fue víctima de una de las frases de Canini nada más llegar a "Sa Vinyeta" (Fue el viaje de los "Sa", imitando a los menorquinos) cuando, intentando abrir las puertas y entrar al albergue, Antonio dijo: "Mira a ver si está abierta la puerta" y Canini contestó, pensando que se trataba de Javier Carrillos: "Sí, va a estar oberta pa tu". Y ese fue el principio de una gran amistad.

Como no había nadie en el lugar, nos fuimos a recorrer la gran ciudad de Ciutadella, aprovechando así para cenar. Volvimos y nos instalamos ya por fin en el albergue y empezó la maratón de chistes. Santi se lució contando los chistes menos graciosos de la historia, pero todo fue muy divertido. Incluso Claudia debutó en la tarea de las frases míticas con "Que no me he lavao el gepettoooo!!!".
Cuando finalmente nos fuimos a dormir; Canini, Pablo y Santi mantuvieron entre ellos el diálogo más absurdo, largo y sin gracia que he presenciado jamás. Nadie se explicaba como Edu Ruiz podía quedarse dormido con tal follón. Cuando le preguntaron si estaba despierto a Edu Sellés, bautizado como "Edúrcules, Tochoman o Tochopolvo" durante el viaje, contestó: Pues claro, hijos de puta.
Una frase que resumía todo. Después del sueño, vino el concierto.
Pero antes del concierto hubo ensayos a tutiplén. Primero ensayamos en Sa Banda de Ciutadella, lugar en el cual entrevistaron a Carrillos (entrevista que colocaré al final de esta entrada) y después fuimos a comer a un comedor lleno de niños. Fue un regreso a la infancia.
En mi sordera, escuché que Edu le preguntaba, felizmente, a Ana: ¿Te puedo meter una ostia? y ella le respondía, también muy feliz: "sí". En realidad le estaba preguntado algo sobre la comida, pero supongo que tantos años tocando en banda a afectado a mi sentido auditivo.
Después fuimos a Mahón, de donde era oriundo Mahoma y donde se inventó la mahonesa. Ensayamos en el conservatorio de allí (El cual es pequeñito, pero tiene instalaciones molonas -como suay diría-, a mí me recuerda al de Madrid versión Liliput). En realidad no era el conservatorio, pero hacían las audiciones ahí y estaba cerca. Después tuvimos el concierto y cuando acabó fuimos a cenar, donde conocimos a algunos de la isla, como el cellista Oliver y la violinista que no sé como se llama. Después volvimos a Ciutadella y disfrutamos del sueño.
Al día siguiente tendríamos nuestro encuentro con Hans de Jong, el saxofonista que nos iba a dar el curso. Pero eso ya es cosa de la próxima entrada.
¡Hasta la vista Carrisuayxos!

domingo, 7 de marzo de 2010

Así habló Don Canini

Sin embargo,las dimensiones de Pablo el de Rosendo no eran las adecuadas y tenía que ser facturado. No obstante, se eligió facturar la maleta de Christina, porque daba más miedo (ella, no la maleta).

El viaje a Madrid fue breve, pero intenso. La historia de Don Canini sufre ahora un paréntesis y a la vuelta de Menorca descubriremos el verdadero desenlace. Mientras, esta entrada y la siguiente resumirán a groso modo los eventos más esperados del Carrisuay. Madrid y Menorca.
Como iba diciendo, el viaje a Madrid fue intenso. Llegamos al aeropuerto a la hora señalada y esperamos hasta que Carrillos apareció y se hizo la hora de embarcar. Estábamos Edu Sellés, Ana, Maria José, Canini, Santi, Christina, Claudia, Bárbara, Laura, Pablo de la fuente, Isaac (o Job, o algo así bíblico), ismael, Sempere, Carrillos, Suay y yo. Durante el viaje se apreciaron varios fenómenos: Una creciente rivalidad entre Canini y Sempere; El humor de éste último; La maleta gigantesca de Christina; Claudia aprendiendo a jugar al Póker; El saxo rosa; La carrera por el metro; la cafetería contemporánea... Eso sin contar los metereológicos, que no fueron pocos.
Después de un tranquilo viaje en avión llegamos a Madrid y comenzamos a recorrer el metro haciendo mil trasbordos. Uno llegaba a pensar que, realmente, Madrid no tenía cielo. Pero cuando empezaban a afianzarse dichas especulaciones, subimos unas escaleras y el débil sol de la tarde nos devolvió las esperanzas. Fuimos al museo de arte contemporáneo Reina Sofía, aprovechamos para ir a la cafetería contemporánea donde todo era contemporáneo (a veces tanto que resultaba inútil). Sí, dicha palabra fue la más pronunciada de todo el viaje.
Los que no habíamos comido en el Burguer King del aeropuerto decidimos ir a un bar de al lado de la estación de Atocha a pedirnos unos bocadillos que la verdad es que fueron lo mejor, gastronómicamente hablando, del viaje.
Después la lluvia nos atacó, nos pusimos todos enfermos (sería el Jet Lag madrileño, no por desfase horario, sino por desfase de "prisas") y nuestros queridos profesores empezaron a hacer de dealers con las pastillas y antibióticos. Después de deambular por el museo donde descubrí un error en el programa (decían que tenían una obra de Dalí que en realidad no estaba expuesta ni lo había estado) asistimos al concierto del ensemble Intercontemporain, acto central de nuestro viaje. La primera parte fue más floja que la segunda, pero estuvo bien a líneas generales, dentro de lo que es la música llamada contemporánea y el gusto que pueda despertar a los oyentes más o menos entendidos.
Cuando terminó el concierto, volvimos al metro, pero ya con menos prisas, y llegamos al hotel Praga. Nos instalamos en las habitaciones (cuyos números memoricé sin querer: 221, 227, 228, 703, 728, 828, si mal no recuerdo), dejamos las cosas, exploramos el minibar sorprendiéndonos de su exagerado precio y bajamos dispuestos a cenar. Para ir a donde queríamos cenar tuvimos que coger el autobús número 23, que por lo visto me persigue. Llegamos al centro y empezamos a cerrar bares y sitios, hasta que conseguimos que nos acogieran en el más tradicional de los locales de Madrid: el McDonalds. Ahí cenamos, asistimos a un duelo verbal entre Canini y Sempere que ganó el profesor (pero, recuerda, ¡puedes haber ganado una batalla pero la guerra es muy larga!), Maria José se tomó un mcflurry y nos encaminamos a Populart a ver un concierto de Jazz. Después del concierto, Canini le pidió al saxofonista rosa que le hiciera una foto con su saxo (rosa), lo cual al hombre, que era amigo de Carrillos, no pareció hacerle demasiada gracia. Por el camino, Bárbara casi se ahoga pisando el que debía ser el único agujero de todo Madrid. Pablo de la fuente ya estaba perfectamente integrado por aquel entonces y yo empecé a aprenderme el nombre de Job. ¿O era Isaías?
Luego del concierto, unos amables taxis nos llevaron al hotel. Decir que en Madrid, los taxistas te cobran lo que quieren gracias a los suplementos, que los aplican con cierto criterio aleatorio. Ya sabemos dos juegos de riesgo: "la ruleta rusa" y "el taxi madrileño". "El saxo rosa" también es bastante riesgoso, pero dudo poder calificarlo como un juego.
Una vez en el hotel mientras la gente jugaba al juego de cartas "Culo", yo le enseñé a Claudia a dominar el juego del Póker modalidad Texas Hold'em. Pero había sido un día duro y pronto se fue cada uno a su habitació (y dios en la de todos) y a dormir. Bueno, Canini y Edu no paraban de quitarse la almohada y pegarse ostias. Supongo que eso es lo que se llama "Amor".
Al día siguiente todos tuvimos que esperar a Suay, que era encima el que más decía de madrugar. Fuimos a desayunar a un bar cercano porque cuando lo mirábamos salió el encargado y nos dijo que tenían comedor, pero no nos dijo que había 12 plazas y 4 se tuvieron que quedar de pie. Pero el sandwich estaba muy bueno. Jugamos a "el taxi madrileño", que nos dejó en Atocha (donde vimos la peregrinación taxística más grande que habíamos soñado), dejamos las maletas en consigna y nos fuimos a recorrer Madrid. Vimos una exposición de Miquel Barceló (que fue lo más Balear que hicimos en el viaje) y buscamos un sitio de comer. Sitio que era especialmente cochambroso y donde comimos, al menos yo, fatal. El peor cocido de mi vida, si es que a eso le podía llamar cocido. En él tuvimos una discusión sobre la música contemporánea Suay, Carrillos, Sempere y yo de la que no voy a hablar ahora porque bastante se habló aquel día. Suay se compró un gorrochubasquero, digno del más ingenioso de los inventos de Doraemon, y fuimos camino del Prado. Vimos el museo y volvimos hacia el aeropuerto, esta vez sin tanta prisa. Ismael, quien cuando estaba en segundo de elemental le comentó a Suay acerca de la bolsa, parecía un firme candidato para ser el sucesor mío en esta empresa de escribir y escribir. Aunque Pablo de la Fuente y Jacob (¿o era Moisés?) también parecían muy muy interesados. Nos hicimos muchas fotos, hablamos mucho de saxos rosas y finalmente llegamos a Alicante donde le echaron la bronca a Laura porque sempere le hacía una foto mientras bajaba del avión. Hay que ver, qué corta rollos.
Edu Sellés aprendió que le mola volar, a Canini no le gustó tanto y Santi se volvió más blanco de lo que nunca había estado, dejando la nacionalidad egipcia por la sueca durante la hora que duró el vuelo.
Quizá Don Canini se encuentre con Boulez en Menorca y descubra como desencantar a Dulcisuay y podamos concluir esta entrada del carrisuay con la frase más característica del profeta: "Así Habló Don Canini".

¡Hasta la vista Carrisuayxos!

lunes, 22 de febrero de 2010

El ingenioso Saxofonista - Libro tercero

Bien podría ser el retorno del barítono, como en el señor de las boquillas, pero no. Estamos ante la ¿definitiva? parte del ingenioso saxofonista, que tendrá que vérselas crudas para deshacer el maleficio que el malvado José Alberto impuso a su maestro Dulcisuay del Agosto.

Antes de comenzar, una breve recapitulación de los personajes nuevos de la entrega anterior:

María José: Gran saxofonista de Castalla, Reina del slap y compañera de meditaciones de don Canini.

Eduruix el pianista argentino tomellosino: Eminencia del saxo muy sagaz de quien se piensa que tiene la capacidad para devolverle la media cordura a Don Canini.


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-- Capítulo siete: De como Don Canini retoma su búsqueda para desencantar a su maestro.

Pasaron los días y Don Canini pronto se vio listo para partir. Buscó en el barrio a su inseparable compañero, que no estaba muy por la labor:

- He viajado mucho con usted, pero no he visto nada acerca de dirigir la orquesta de Baratijas ni Barataria.

- Che, Tirapallá nene y vente conmigo, que la vida de un escudero pianista acompañante andante es dura pero siempre se ve recompensada.

El de Rosendo no era muy difícil de convencer y, sobre todo, no era nada amante de las discusiones, así que cedió y decidió acompañar al andante en su búsqueda. Fue a despedirse de su familia y amistades. Preparó las provisiones para el viaje y fue a reunirse con Don Canini. Salieron al amanecer y fue algo tan repentino que ni Eduruix pudo percatarse de las intenciones del barítono para impedírselo. Sin embargo, tenía un plan.

Partieron nuestros dos aventureros dirección a Alicante pues habían escuchado rumores de que ahí, en el conservatorio, existían grandes sabios con grandes remedios para grandes maldiciones. Además, también era sabido por todos los saxofonistas andantes que allí se realizaban pruebas donde cada músico podía demostrar su valía, por lo que era el destino más indicado para ellos. El camino fue duro y llegaron a un conservatorio, pero era el de San Vicente. En la puerta se encontraron a un saxofonista enmascarado que decía ser el Saxofonista de los espejos y quería retar al gran Don Canini para demostrar su valía. Quería apostar su determinación: Si Don Canini ganaba, podría hacer lo que quisiera con el de los espejos. Si, por el contrario, el de los espejos resultaba vencedor, Don Canini tendría que volver a Agost y descansar por un año. 

Nuestro andante, emocionado, aceptó y enseguida comenzó la épica batalla de slaps, armónicos, estudios del ferling... Y el caballero de los espejos tuvo tan mala suerte que la llave del sol # se le quedó pegada y falló esa alteración, saliendo por lo tanto Don Canini vencedor del duelo. Don Canini le exigió al de los espejos que fuera por todo lugar diciendo que había sido derrotado en justo duelo por él, que era alumno de Dulcisuay y, una vez lo hubiera hecho, se presentara ante él (Dulcisuay) y le comentara su hazaña. Cuando Don Canini marchó, el de los espejos se quitó su máscara y se descubrió que era Eduruix disfrazado. Pesaroso, volvió a Agost para pensar su nuevo plan para devolver a Don Canini a su pueblo.

Mientras tanto Don Canini caminaba hacia el conservatorio de Alicante y notaba como la gente cuchicheaba. De pronto, una niña se le acercó y le preguntó:

- ¿Es usted Don Canini el famoso saxofonista andante cuyas aventuras relata Carrillos Hamete Berengeneli?

- No sé quién es ese Carrillos Hamete Berengeneli, pero desde luego que soy ese Don Canini. Y Berengeneli puede considerarse afortunado al ser el sabio que relata mis aventuras.

La niña volvió con su familia y esbozaron una sonrisa algo burlona que Don Canini interpretó como de admiración. Por el camino se encontró con mucha gente que había leído sus aventuras en el blog y le preguntaba qué planes tenía para desencantar a Dulcisuay, o a qué conservatorios nuevos iría a probar su valía. A todo respondía con grandes palabras y no dudaba en mostrar sus habilidades saxofonisticas, para regocijo de los oyentes. Pero le sucedió que una vez se encontró con un hombre andaba un poco desorientado, pero con un saxo en la mano.

- Mira, ese hombre debe saber donde está el conservatorio. Seguro que va a probarse honorablemente allí en el monte tossal. Preguntémosle cómo llegar, Pablo el de Rosendo. Disculpe - dijo dirigiéndose al saxofonista desorientado. - ¿Sabe cómo llegar al conservatorio de Alicante?

- Precisamente vengo de allí. Se me rompió la última caña y se me olvidaron las de repuesto en casa y bajé para comprar un paquete en la tienda de abajo pero debieron darme mal las indicaciones porque llevo un buen rato buscando. Me dijeron "Baja la cuesta y sigue a la izquierda hasta que veas el cartel de Leal Musical" pero yo no hago más que ir a la izquierda y no la encuentro. Oh, ¿No pone allí "Tienda de Música"?

- En efecto, no me había fijado. Pero no pone "Leal Musical", sino Klavier. Aunque supongo que tendrán cañas.

- Oh, menos mal, sino mi maestro AntónSuay se enfadará por llegar tarde a clase. Aunque seguro que está tomándose un Café con JaviCa y JuanCar Sempere.

- ¿Ha dicho AntónSuay? Mi maestro se llama Dulcisuay. Seguro que son hermanos o algo así. Debo darme prisa y llegar a las montañas donde está el conservatorio. ¿Me podría indicar cómo se llega?

- Pues yo vengo de ahí. Siga recto hasta que encuentre la cuesta por la que bajé yo y llegará.

- Muchas gracias. ¿Podría decirme su nombre, honorable Saxofonista?

- Arturo, ¿y el vuestro?

- Don Canini de Agost y él es mi escudero pianista acompañante Pablo el de Rosendo.

Así fue como Arturo consiguió comprar las cañas, aunque un poco más lejos de donde se había planteado comprarlas y Don Canini encontró el camino para llegar al monte Tossal donde estaba el conservatorio de Alicante.

-- Capítulo ocho: De las aventuras que vivió Don Canini para llegar al conservatorio, de su sobrenombre y de su encuentro con los Duques.

Sucedió que mientras iba de camino al monte, nuestro saxofonista andante se topó con una mujer muy atareada que llevaba un cargamento en la misma dirección que iba él. Le sorprendió tanto que le preguntó quién era y qué llevaba.

- Soy Claudia, alumna de AntónSuay y le llevo las peligrosas escalas para su disfrute personal.

- Oh, Escalas. Todo saxofonista que se precie debe dominarlas y más si quiero presentarme ante el hermano de mi maestro. Déjeme dominarlas.

- ¡Pero son muy complicadas! Son con todas las alteraciones, negra a 120, pulsación de semicorchea, diatónicas, por terceras, por cuartas, con armónicos, con todas las ligaduras y haciendo el pino mientras pones los ojos bizcos.

- Escalitas a mí... ¡Trae eso que las voy a tocar ahora mismo!

Y se puso a tocarlas para sorpresa de Claudia. Ella podía tocarlas salvo por un detalle: Era incapaz de hacer el pino mientras las interpretaba y, mucho menos, poner los ojos bizcos a la vez. Pero, nadie sabe como, Canini lo consiguió. Entonces Claudia cayó en la cuenta de que se trataba de Don Canini, el del carrisuay, y llamó por móvil a sus colegas de cuerda (pues ella tocaba el soprano) advirtiéndoles de la llegada de tan peculiar personaje al conservatorio.

- Oh, mi estimado Pablo, ahora, como muchos otros saxofonistas andantes, me he ganado un sobrenombre. A partir de ahora habrán de llamarme "Don Canini, el saxofonista de las escalas".

- Me parece un nombre muy apropiado. Espero que pronto me gane el sobrenombre de "Pablo, el director de la orquesta filarmónica de la ínsula de Barataria".

- Todo a su debido tiempo, mi impaciente amigo.

Y Pablo se puso a tocar fugas de Bach al piano. ¿A qué piano? A uno que apareció casualmente detrás de un arbusto. Y entre esas interpretaciones y otras más variadas consiguieron llegar al monte tossal donde aguardaban dos figuras imponentes. Dos Personas del norte, de la marina baixa, que sonreían para sí.

- Usted debe ser el famoso Don Canini de Agost. Nosotros somos Edu Sellés y Bárbara, los sopranos - y duques- del conservatorio de Alicante.

- Oh, debéis ser gente muy importante. Aún así me temo que Carrillos Hamete Berengeneli aún no ha actualizado su blog, porque mi sobrenombre ha cambiado. Ahora soy "el saxofonista de las escalas". Vengo en busca de AntónSuay para preguntarle el remedio contra la maldición que afecta al que debe ser su hermano, a quien han transformado en un trabajador de una agencia de viajes.

- No se preocupe. - contestó Bárbara- Ahora mismo está tomando café con JuanCar Sempere y JaviCa, pero nosotros le atenderemos mientras tanto. Además, se celebran las pruebas de acceso y, con su fama, estamos seguros de que quiere probar su valía.

Hicieron que Don Canini tocase y tocase, pero nunca se cansaba. Querían comprobar su locura, pero muchas veces les sorprendía su insospechada sagacidad. Bautizó a Eduardo como "Edu ¿si? ¿yes?" cosa que al soprano no le hizo mucha gracia.

Pasaron los días y, aunque la compañía de los soprano le era muy grata, decidió abandonarlos junto Pablo pero, cuando iban a salir de donde estaban, se encontraron con un hombre grande y con abundante vello facial con pintas de ser de la montaña que no paraba de gritar: "Parecéis una banda de pueblo" a los pobres músicos que pasaban por allá.

- Con la banda hemos topado, Pablo. No creo que podamos pasar por aquí. Quizá será mejor que volvamos donde los soprano y les preguntemos si AntónSuay ha vuelto ya de tomar café.

Cuando llegaron, los soprano se alegraron mucho, pues iban a poder volver a reirse a gusto. Sin embargo, lo disimularon echándoles la bronca.

- Ahora que hasta teníamos lista la OFIB para que Pablo la dirigiera.

A Pablo se le hicieron lágrimas en los ojos y no pudo contener su Alegría. Fue entonces cuando sus caminos se separaron y Pablo comenzó a dirigir la orquesta que le habían prometido. Lo que no sabía él era que no era ninguna orquesta filarmónica ni de Barataria, sino que era la orquesta de primer ciclo de grado medio. Le tocaron la cucaracha en su primer ensayo, mientras ensayaban otra obra y, ni corto ni perezoso, cambió al violín que la tocaba y le puso a tocar la viola. Al pobre violinista le entraron ganas de ahorcarse con las cerdas del arco, pero se contuvo porque estaban siguiendo las órdenes de Eduardo y Bárbara, los duques y soprano de la zona. Mientras, Don Canini conoció a una chica que quería tocar el soprano en la banda, pero le tocaba siempre tocar el alto. Se trataba de la cosmopolita -y mafiosa- Christina Scagliarini. Aunque Canini al principio se confundía y la llamaba "Christina Tortellini", ella no tardó en hacerle una oferta que no pudo rechazar. Nadie, ni Carrillos Hamete Berengeneli, supo nunca de qué se trató. Lo único que sabemos es que si Don Canini había pasado miedo alguna vez en su vida, fue aquella.

-- Capítulo nueve: De la resolución inesperada que Don Canini debe tomar para liberar a Dulcisuay de su maleficio.

Don Canini echaba de menos a Pablo, a quien imaginaba feliz dirigiendo la OFIB. Pero no tenía nadie a quien pegarle bascollás, y notaba su falta más que nunca. Para animarlo, Bárbara y Edu Sellés decidieron simular ser AntónSuay y encomendarle una misión para liberar a su maestro. Edu Sellés se puso una peluca rizada y un protector en los dientes y se acercó a nuestro saxofonista andante y le dijo:

- Si a Dulcisuay quieres liberar de su maleficio la respuesta a tu pregunta yo, AntónSuay, puedo dar. Tienes que hablar con Pierre Boulez para poder liberarlo. Sin embargo no podrás hacerlo tu solo y deberás reunir a un grupo de 9 intrépidos saxofonistas que te acompañen en el viaje a Madrid, donde se encuentra el gran maestro.

Don Canini entonces emprendió la búsqueda por el conservatorio para encontrar a los más válidos saxofonistas dignos de tal hazaña. A los primeros que reunió fue a Christina, Bárbara y Edu Sellés. Al poco entraron por la puerta del conservatorio Arturo y Claudia, que estaban merendando una napolitana y conversando.

- He tenido que ir a Elche porque no venías al conservatorio, ¿Qué te había pasado Arturo?

- Es que había encontrado un atajo, pero debí desorientarme un poco. ¡Oh, mira, mis cañas han brotado! 

Don Canini lo vio claro. Un saxofonista capaz de hacer brotar una caña tenía que poseer una capacidad sobrehumana o ser compositor, así que decidió hacerlo su compañero de viaje, así como a Claudia, quien era capaz de dominar las escalas y en el viaje para rescatar a Arturo de las tierras ilicitanas había aprendido a ejecutarlas haciendo el pino - pero todavía tenía que practicar para hacerlas con los ojos bizcos-.

Escuchó el resonar de unos slaps, así como chistes de ranas y rezos en jeroglífico. Eran Mariajosé, Ana y Santi que venían a hacer la prueba para ver si allí se encontraban con Don Canini. Al entrar, alguien le dijo a Ana que era amarilla como el saxo. Una persona del mismo color que su saxofón no podía faltar en su grupo y decidió hacerla su compañera, así como a los otros dos que iba con ella, ya que era el destino lo que los había traido.

El avión iba a partir y todavía le faltaba un compañero para completar la profecía que AntónSuay le había dicho. Estaba desesperado cuando escuchó el sonido de un piano. Era Pablo.

- Gracias por darme la oportunidad de dirigir la OFIB, pero he descubierto que la dirección no era lo mío. ¿No me decía el del guitarrón de cuatro cuerdas grande que soplando no sonaba su instrumento? Así que he decidido acompañarle, pues tenemos que liberar a Dulcisuay de su maleficio.

Don Canini se emocionó tanto que le dio un abrazo y a grito de "Tirapallá nene" le dio una bascollá que le impulsó hasta el avión.

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Os ha sorprendido, ¿eh? Pensabais que las aventuras de Don Canini iban a terminar con esta entrega y ahora parece que no va a ser así. Lo que termina es "el ingenioso Saxofonista"porque en la siguiente entrega se descubrirá el misterio de Dulcisuay, las andanzas del ensemble en Madrid buscando a Pierre Boulez, cómo se formó el Carrisuay y las aventuras que vinieron después. La siguiente entrada será "Así habló Don Canini", donde se nos enseñará una gran lección filosófica sobre la vida del saxofonista andante. ¡No os la perdáis!

¡Hasta la vista Carrisuayxos!

domingo, 17 de enero de 2010

El ingenioso saxofonista - libro segundo

Antes de comenzar, aprovecho para hacerme un poco de publicidad, pues he creado un nuevo blog. Se trata de lamusicadeaag.blogspot.com mediante el cual subiré mis partituras y sus audios a internet. Todavía no están subidas las que he hecho para ensemble (Puntos de vista, La esencia del aire, Viendo Televisión, Fantasma, Forma Sonata para ensemble) pero no tardaré mucho en hacerlo. Sí podéis ver un cuarteto de cuerdas, unas cuantas obras que hice hace unos cuantos años y tres obras para banda.

Todavía es pronto para comenzar, así que aprovecharé para repasar los personajes que han aparecido en el libro primero del ingenioso saxofonista.

Don Canini - Un saxofonista que de tanto tocar contemporáneo se volvió medio loco (la otra mitad de la locura ya venía de serie).

Pablo el de Rosendo - Escudero pianista acompañante que al principio solamente sabía hacer rodar la pianola y descubre sus habilidades pianísticas gracias a Don Canini.

Ana de Novelda - La joven muchacha que arma "saxofonista andante" a nuestro protagonista

Santi de Aspe/Egipto y sus colegas - El joven muchacho que sin saberlo le otorga a Don Canini la abrazadera mágica de goma elástica y el trapo de fierabrás

José Alberto - Malvado mago murciano que dice ser de Yecla que le hace la vida imposible a nuestro héroe.

Dulcisuay del Agosto - Maestro imaginario de Don Canini, con unas supuestas habilidades con el saxofón que van más allá de la imaginación humana. Nuestro saxofonista andante no emprende ninguna aventura ni concierto sin encomendarse a su maestro, como los buenos saxofonistas andantes de antes.

Carrillos Hamete Berengeneli - Escritor de la obra que yo traduzco. Se supone que es un nativo de Senofoxas, legendario pueblo que invadió la península ibérica hace muchos años sin que nadie se diera cuenta.

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-- Capítulo cuatro: De como Don Canini empezó su aventura en las montañas

Cuando salieron del autobús en el que creían que volvían a su casa se descubrieron en un pueblo desconocido. Pablo estaba asustado de la novedad, pero Don Canini estaba tan emocionado que le iba preguntando a la gente dónde estaba el conservatorio de esa villa. Nadie sabe cómo, pero acabó en la banda. Sin embargo estab lúgubre porque su saxofonista más ilustre había decidido marcharse a las montañas nadie sabe por qué. Don Canini dispuso traerla de vuelta y se embarcó hacia donde sólo el destino sabía. Pero como el destino favorece siempre a los grandes, o eso dicen, nuestro saxofonista andante no tuvo problemas para localizar a la saxofonista ilustre del pueblo que habían abandonado. ¿Cómo la reconoció? Llevaba un saxo a cuestas.

Sin embargo, a ella por lo visto no le hizo mucha gracia que viniera a perturbarlo otro saxofonista y, con su tenor, empezó una batalla encarnizada a muerte por defender su soledad. ¿El arma? Tenis Slap.

Los mandobles de Slap iban y venían, a veces con armónicos, a veces con frulatos, pero siempre con una potencia y precisión implacables. Pablo no  había visto semejante batalla en su vida y se dolía de que no hubiera ningún piano o pianola cerca para poder acompañar a don Canini. Entonces, aunque un servidor piensa que es un error de coherencia de Carrillos Hamete, Pablo empezó a tocar el saxo que llevaba en las alforjas. No ayudó a Don Canini a ganar la batalla, que quedó en empate, pero descubrió las maravillas de la respiración circular. Podía no parar de tocar sin dejar de respirar. Es más, podía tocar sin respirar. Así descubrió su potencial para cruzar el océano atlántico buceando sin necesidad de respirar, siempre y cuando estuviera tocando el saxofón. Entre esos y otros pensamientos, pronto se dio cuenta que la batalla de su maestro alcanzaba el clímax. En eso María José, que así se llamaba la ilustre saxofonista, hizo un alto en la batalla y exclamó:

- Por Pirrili que nunca había visto un saxofonista con tal dominio del slap capaz de competir de igual conmigo. Siento haberte confundido con un vulgar aprendiz que venía a incordiar mi meditación.

- ¿Y por qué meditas pudiendo dar conciertos en el conservatorio de tu pueblo y los vecinos?

- Medito para perfeccionar mi técnica y vencer a los malvados ritmos minimalistas que atacan el mundo.

A Don Canini le pareció un propósito tan bueno que decidió que él también meditaría en la montaña durante una temporada. Mandó entonces a su escudero para que le diera una carta a su maestro Dulcisuay del Agosto para explicarle que no volvería en un tiempo pero que, cuando lo hiciera, volvería hecho todo un maestro de alguna técnica todavía por descubrir para hacer así honor a su nombre. Así fue como, con lágrimas en los ojos, Pablo el de rosendo partió (y llegó sin saber cómo) hacia su pueblo natal a buscar en el Agosto al maestro de su maestro.


-- Capítulo cinco: De cómo no entregó la carta Pablo el de Rosendo a Dulcisuay y de como Edu, el argentino pianista del pueblo, convenció a Don Canini para volver a Agost.

Descubrió en el pueblo Pablo que el verdadero nombre de Dulcisuay del Agosto era José Antonio Antón Suay y que en realidad tenía una agencia de viajes. Al saberlo se desilusionó tanto que pensó que el malvado José Alberto lo había hechizado haciéndole creer que era agente de viajes y no el gran saxofonista que su maestro le había contado. Decidió por tanto no entregarle la carta y decírselo todo a su maestro cuando lo viera. 

La noticia de la llegada de Pablo sin Canini conmocionó tanto al pueblo que la hermana del andante suplicó ayuda al único en la faz de la tierra que podría traerlo de vuelta. Se trataba de EduRuix, un pianista-argentino de Tomelloso con mucha labia y capacidad de liderazgo. ¿Por qué Don Canini no lo escogió a él como Escudero Pianista Acompañante? Porque era Argentino y prefería a alguien de su círculo de amistades de la infancia.

Pero todos profesaban un gran respeto y admiración por Don Canini y deseaban que se le curara su media locura nueva que le hacía querer ser saxofonista andante como los de antes. Quemaron sus obras contemporáneas dejando solo Retornos, Arabian-Gipsy Promenade y Sax Ex Machina por ser estrenos del maravilloso curso de Inalme, reconocido mundialmente, y entonces Eduruix convenció a Pablo para acompañarle en el viaje de vuelta y así recuperar a Don Canini para el pueblo de Agost.

-- Capítulo seis: De Cómo trajeron de vuelta a Don Canini y de la determinación que tomó de meditar en agost por tres meses para emprender la gran búsqueda

En realidad, la gran búsqueda es lo que emprende Bastián en la historia interminable pero Carrillos Hamete Berengeneli comenta que fue Michael Ende quien, sin darse cuenta, fue influenciado por los Senofoxas y le hizo poner esos nombres. Nos cuenta que mientras Pablo y Eduruix llegaban a las montañas de Castalla donde meditaba con María José, Don Canini descubrió su nueva técnica: Los Multifónicos. Había oído hablar de ellos, pero los dominó con tanta maestría que María José, al oírlos, le comentó que su dominio era tal que bien parecía que los hubiera inventado él, aunque ya existieran. Entre esas y otras pláticas arribaron Pablo y Eduruix.

- ¡A buena hora llegas y con un testigo para mi nueva técnica!

Antes de que Pablo pudiera decir nada, les dio un recital que les maravilló. Así, al de Rosendo se le olvidó darle la mala nueva sobre el hechizo en el que había caído su maestro y prosiguieron su viaje. Como No quería volver a Agost, Eduruix tuvo que demostrar su ingenio de argentino y le dijo:

- He oído que el conservatorio de París ha venido con Pierre Boulez a Agost...

No le hicieron falta más argumentos a nuestro andante saxofonista para querer regresar a su patria. De camino, tuvieron que descansar en la banda que el creía conservatorio donde se había armado Saxofonista Andate. Allí estaban Ana y Santi -quien había ido a llevarles partituras como buenos amigos-. Ana le contaba chistes sobre ranas mientras Santi le enseñaba a escribir y a leer en Egipcio cuando entraron por la puerta buscando refugio. Eduruix les puso al tanto de la historia y, como Don Canini quería dar un concierto allí para calentar y querían llevarlo como fuera de vuelta a casa, se las ingeniaron para, mientras dormía, encerrarle en una jaula de madera. Cuando despertó, asustado, se dio cuenta de que había caído en un hechizo de José Alberto y aunque los que le llevaban hacia quién sabe dónde tenían la cara de Eduruix, Santiago y Ana, en realidad eran psicarios del mal o clarinetistas disfrazados. Pablo no sabía muy bien que pasaba, pero los siguió hasta Agost donde fue liberado.

En su pueblo, mientras bebía horchata, Pablo recordó lo que había olvidado decirle a su maestro y, al escuchar la mala noticia, Canini se deprimió y comentó:

- Oh, he fallado a mi maestro Dulcisuay y he de encontrarle una cura para su maldición. José Alberto me capturó en la jaula y me llevó a mi pueblo pero impidiéndome ver a Boulez para que me doliera más y ahora hechiza a mi maestro convirtiéndolo en un agente de viajes. ¡Debo de deshacer el maleficio de alguna forma que sólo los saxofonistas andantes conocen! Meditaré, como en Castalla, durante el tiempo que haga falta, y descubriré alguna nueva técnica para afrontar la gran búsqueda para deshacer el maleficio.

Y así fue como se quedó meditando durante tres meses, una semana, cuatro días, una hora, cinco minutos y veintisiete segundos hasta que decidió emprender su gran búsqueda. Pero eso es otra historia y será contada más adelante.

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No os perdáis la próxima entrega del Carrisuay en la cuál disfrutaremos de la última entrega de las aventuras de Don Canini y tendrán su aparición los personajes que faltan (Edu Sellés, Bárbara, Claudia, Cristina y yo). ¿Conseguirá Don Canini deshacer el maleficio de Dulcisuay?

¡¡Hasta la vista Carrisuayxos!!

lunes, 11 de enero de 2010

El ingenioso saxofonista - Libro Primero

Hola Carrisuayxos.
El otro día los reyes magos se personaron en mi casa y me dieron un regalo. Se trata de un manuscrito muy antiguo escrito en la vieja lengua de los Senofoxas, un pueblo que invadió la península ibérica hace muchos años de forma tan sabia y tan discreta que nadie se dio cuenta de ello. Entre ellos había grandes escritores que contaban las épicas de sus hérores e, incluso, de héroes ajenos o rivales. Su vieja lengua se perdió, pero encontré un traductor en internet (ya se sabe que en internet hay de todo) y me dispuse a traducirlo. El libro narra las historias de un tal Don Canini de Agost y su escudero Pablo el de Rosendo. Las aventuras han sido relatadas por uno de los más sabios cronistas de su época, el renombrado Carrillos Hamete Berengeneli. Sin más artificio, paso a contaros la historia. Espero que os guste:

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-- Capítulo uno: De cómo Don Canini de Agost es armado Saxofonista.

En un barrio de Agost , de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un saxofonista de los de caña en boquillero, slap potente, estuche enorme y abrazadera de goma elástica. Se cuenta que, de tanto interpretar obras contemporáneas secósele el seso e iba por su barrio convencido de que todo el mundo gustaba de esa música. Hurgando por entre sus pertenencias, buscaba equipo para partir a la aventura.
Encontró un atril medio oxidado, un saxofón barítono con la llave de octava unida mediante cinta aislante, partituras medio roídas y una bicicleta de montaña de hace más de veinte años. Había decidido su aventura: convertirse en un saxofonista andante, de los de profesor famoso. El nombre que había escogido para su profesor era Dulcisuay del Agosto. Su hermana le decía que en Agost no había ningún conservatorio y mucho menos uno que pudiera albergar a alguien de la calidad que el saxofonista decía que tenía su maestro. Así, poco a poco, se fue dando cuenta de que necesitaba hacer una prueba de nivel para que le dieran el título y poder ejercer como saxofonista. Fue de esta sin par forma como comenzó su primera aventura: Partió sin avisar de las tierras de Agost y llegó a Novelda, donde había escuchado que había un gran conservatorio. Se plantó delante de la banda del pueblo y gritó: "¡A del conservatorio! Se presenta ante ustedes Don Canini de Agost, alumno aventajado del maestro Dulcisuay del Agosto para que se le realice una prueba de nivel, mero formalismo para poder cabalgar las tierras en busca de aventuras y conciertos". De dentro se escuchó un ruido, como de atriles caer al suelo y pasos precipitados. Se abrió la puerta y una mujer de pelo rizado le abrió la puerta: ¿Quién eres? esto no es ningún conservatorio.
- Ah, veo que a vos concertista de la filarmónica de esta villa os han hechizado y hecho creer que el lugar que pisas no es un conservatorio pero yo sé que sí, que para esto tengo mucho ojo y, creédme, no suelo equivocarme. Tú me harás la prueba de nivel pero antes dime tú nombre, oh concertista.
La pobre chica que había salido con prisas de la habitación donde estaba estudiando la escala de do # menor por terceras tirando por el camino atriles y percusiones varias, le contestó que se llamaba Ana y que también tocaba el saxo. Sin más pregunta se adentró nuestro saxofonista a lo que el pensaba conservatorio, montó su viejo saxofón barítono y se puso a tocar. Ana se quedó maravillada con el dominio del Slap y de los sobreagudos y, en parte para que le dejara estar, le escribió en una servilleta de papel (pues no encontraba ningún útil impregnable más adecuado) que había superado la prueba de nivel, cualquiera que fuera.
Así fue como Don Canini se armó Saxofonista y decidió recorrer toda la provincia de Alicante dando conciertos y recitales. Antes de marcharse, como si se hubiera olvidado de algo, le dijo a su firmante:
- Y, no se preocupe que yo me encargaré del mago malvado que os ha hechizado haciendoos pensar que vuestro conservatorio es banda y no lo que es en realidad. Se llama José Alberto y es un mago murciano muy malvado que dice que es de Yecla para engañar a los incautos.

Y Don Canini regresó a su barrio sabiendo que, como todo concertista andante, necesitaba un escudero pianista acompañante que le ayudara a dar los recitales.

--Capítulo dos: De cómo Pablo el de Rosendo es vuelto escudero pianista acompañante.


No muy lejos de donde vivía nuestro saxofonista había un restaurante en el cual trabajaba de vez en cuando un mozo no muy hábil para distinguir colores, pero que se pasaba las tardes tocando la pianola (es decir, dándole vueltas a la manivela que accionaba el mecanismo que la hacía sonar). En él pensó Don Canini cuando necesitó un escudero pianista acompañante y a él se dirigió nada más arribar a su casa, sin apenas descansar.
Llegó al restaurante donde a veces trabajaba y no lo encontró. Le dijeron que se había ido con la moto a no sé donde. Don Canini sí que lo sabía y no tardó en encontrarlo. Su nombre era Pablo y le llamaban "El de Rosendo" en honor a su padre, un excelente electricista de los de antes, cable en mano. Iba vestido todo de verde, a pesar de ser ese el color que menos reconocía y estaba mirando en el tablón de la casa de cultura un póster de la actuación que hubo el viernes pasado de algún cuarteto de cuerda sin importancia. Se le acercó Don Canini y le dijo:
- Maese Pablo, no malgaste su talento en esmirriados cuartetos de cuerda. Véngase conmigo de escudero pianista acompañante pues de buena mano sé que usted se maneja bien con las teclas y yo le haré director no de un cuarteto de cuerdas, sino de una orquesta filarmónica como nunca una se ha conocido: La orquesta filarmónica de la ínsula de Barataria (la OFIB).
- Pero, señor, yo no sé tocar el piano, solamente le doy vueltas a la manivela de la pianola... ¡y mucho menos podría hacer de pianista acompañante!
- Tirapallá nene y vente a acompañarme, que de todos es sabido que los instrumentos de tecla son los más fáciles, que cuando pulsas la nota ésta suena y no hace falta afinarla ni nada.
Pablo intentó replicar, pero Don Canini de Agost ya le estaba agarrando de la camiseta y llevándoselo a una nueva aventura. Había oído hablar de que en egipto sabían manejar muy bien el oro y quería una abrazadera de aquel material noble para que su instrumento sonara, según había leído en algún libro de abrazaderas, más cálido y profundo.

-- Capítulo tres: De las aventuras que Don Canini y Pablo vivieron en Aspe pensando que era Egipto.

Un día tardaron en hacer las maletas y llenar las alforjas de provisiones, pues se disponían a viajar al cálido y lejano Egipto. Montaron al primer bus que encontraron y, aunque ponía Aspe, Don Canini alegó que era otro hechizo del malvado José Alberto y que no había de qué preocuparse pues él podía ver a través de sus hechizos. Entre éstas y otras pláticas, Pablo no pudo aguantar el cansancio y cayó rendido en su asiento del autobús. Cuando se levantó, habían llegado ya al hechizado Egipto.
- Juraría que sólo he dormido durante 15 minutos.- dijo Pablo.
- Oh, no, mi amigo, eso es lo que el malvado José Alberto quiere que pienses. Hemos atravesado montañas y océanos enfrentándonos a los más peligrosos retos jamás imaginados. Para costear el viaje he tenido que, encomendándome a mi maestro Dulcisuay del Agosto, deleitarlos a todos dando un concierto con todas las cadencias que me sabía, más alguna improvisación de Rio Noda y alguna obra contemporánea de Sixto Herrera. Tan satisfechos quedaron todos que no tuvieron problemas en dejarnos viajar en el barco y luego en el autobús hacia Egipto. Ahora dirijámonos al conservatorio de Egipto, que seguro que allí tendrán la abrazadera de oro que me estará esperando desde tiempos inmemoriales.
Pablo siempre había pensado que en Egipto haría más calor, pero le pareció tan convincente la explicación de su compañero que no se quejó más.
Caminaron por las calles y, frente a un local, Canini se paró de golpe:
- ¡A del conservatorio! Vengo a ganar la que sin duda me merezo abrazadera de Oro.
Le abrió un hombre risueño y moreno, con mucha planta de egipcio que le dijo que era una banda y que no tenían abrazaderas de oro. Apareció entonces a su lado otro idéntico a él y Don Canini le dijo entredientes a su escudero:
- ¿ves? Está bajo el hechizo de José Alberto y le ha aparecido un gemelo que seguro que es malvado.
El hombre se llamaba Santiago y su gemelo, malvado según Don Canini, Vicente. Santiago era un saxofonista de la banda de su pueblo que no era Egipto, sino Aspe. No obstante, la verdad es que sí que dominaba el lenguaje jeroglífico y en vista de la locura de su huésped, urdió un plan para deshacerse de él y que todos fueran felices. Le dijo lo siguiente:
- Señor, teníamos la boquilla de oro que usted decía, pero el malvado mago José Alberto la hechizó y la transformó en esta cuerda elástica.
- Oh, qué torpe José Alberto, sin saberlo ha convertido la boquilla de oro en algo más preciado todavía: "La goma elástica de Mambrino". Déle un piano a mi escudero, que vamos a tocar una obra como jamás escucharás otro, en honor a mi maestro Dulcisuay del agosto, a quien me encomiendo.
Y fue así como dio su primer recital con escudero pianista acompañante. Y, a pesar de su locura (que algunos dicen que fue transitoria en el tiempo en que duraron sus aventuras), consiguió deleitar tanto a los allí presentes que se arrepintieron de solo obsequiarle con la goma elástica y le dieron también un trapo para limpiar el saxofón. El trapo de Fierabrás. Lo usó con su saxo y dijo que lo había limpiado como sólo un trapo mágico del nivel de aquel podía hacer. Pablo lo intentó usar en el piano que acababa de usar pero lo dejó mojado. Refunfuñando escuchó las palabras de Don Canini que le dijeron:
- Debe ser que el trapo de Fierabrás sólo posee sus propiedades mágicas cuando limpia saxofones y que a los otros instrumentos, por su condición de objeto mágico, les hace más mal que bien.
- Ah, pues quédese usted el trapo de FieroUbis ése y yo seguiré limpiando los pianos y pianolas con su tapete como hasta ahora.
Y así fue como Don Canini de Agost consiguió completar su equipo y partió en busca de más y más conciertos acompañado de su fiel escudero pianista acompañante Pablo el de Rosendo.

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Bueno, y hasta aquí la primera parte de la historia. En la próxima parte veremos las aventuras que viven de camino a Agost, que no serán pocas. 

¡Hasta la vista Carrisuayxos!

martes, 22 de diciembre de 2009

Carrisuay Navideño

Pues sí, tras el 5 en Carrisuay se acerca la navidad con un frío insospechado y también se pausan los ensayos. Eso no quiere decir que dejemos de sentirnos Carrisuayxos. Tras una dura tarde de lunes, los tenores nos teníamos que reunir con Carrillos pero por diversos motivos decidimos que sería mejor ensayar el lunes antes del primer ensayo. Así que fui a avisar a Ana y a María José pero a Ana no la encontré. A María José la vi en la puerta, al salir de Historia ella, y se lo dije. Le vino muy bien. A Ana me la encontré después al salir de saxo. Le vino muy mal.
Pero la fecha está acordada ya y Carrillos nos verá las caras el lunes 11 de enero.
Suay se despidió en el ensayo con la obra de Óscar Navarro recién puesta sobre nuestros atriles. Se trata de una pieza que bebe mucho de la música de películas, especialmente de Aladdín. Pero claro, no sería lo mismo si no ensayáramos Retornos. Así que volvimos a tocar Retornos para despedirnos de 2009 de una manera lo más contemporánea posible.
También sufrimos los vaivenes evaluativos en las clases de conjunto instrumental, donde hubo quejas pero nadie se atrevió a quejarse. Pero bueno, bajo la promesa de estudiar decidimos no ir a clase al día siguiente, con lo cual no estuvo mal del todo para los que conseguimos aprobar.
La lluvia acecha nuestras vacaciones y se combina con un frío penetrante que nos impide abrir la puerta del aparcamiento del conservatorio. Aprovechamos para hacer un Ranking de fuerza entre la gente que vino.
El primero que la abrió fui yo, y me costó tres intentos y emplear las dos manos en el último. El segundo en llegar fue Edu S. y también usó tres intentos, aunque un solo brazo. Después apareció Pepa Lledó y abrió la puerta en dos intentos: uno para comprobar que había que usar fuerza y otro con un ímpetu que Edu se asustó y todo. Luego vino Ana que usó 4 intentos y dos manos, pensando que nunca podría. Maria Elena del clarinete no consiguió abrirla. Así que podemos concluir que la fuerza de Pepa escapa de los límites del pensamiento humano. Carrillos puede conseguir una fuerza similar cuando te clava los índices en el abdomen. Suay es su aprendiz y, por suerte para mí, no alcanza semejante poder de destrucción abdominal.
Y la lluvia que congela las carreteras y nos deja ver a veces el arco iris nos deja oír lejanamente el rumor de unas notas musicales que no distinguimos... Sí, son los Carrisuayxos estudiando de forma navideña escalas y arpegios, como bien hacían los Aristogatos que tanto le gustan a Ana. ¿Querrá que seamos los Aristosaxos?


Sí, la navidad está ahí y de regalo seguramente recibamos muchas escalas, algún armónico, unos pocos estudios... El año pasado, cuando los reyes me trajeron el Walter Piston de armonía todos, incluido el profesor, se rieron de mí. Era los tiempos de Three for Five, cuando íbamos a ensayar con la crême de la crême los cinco elegidos (Adri, Toni, Canini, Mireia y yo) aunque la mayoría de veces éramos solo tres. En los conciertos no teníamos sitio, casi ni nos levantan a pesar de nuestro solo, etc. Es similar a lo que le pasa siempre a los tenores.
Pero también hay buenos momentos en los que aparece gente que nos comprende... o eso queremos creer.
Así que pedidle a Papá Noel que os regale comprensión, escalas y turrón, que es lo mejor para estas fechas.

Oigo retumbar a lo lejos las teclas de un caballero como los de antes, de barítono en ristre y slap potente. Oigo a su escudero también a lo lejos tocando la pianola... ¿Quién será? ¿A qué vendrán? ¡Lo sabremos después de Navidades!

¡¡Hasta la vista Carrisuayxos!!