domingo, 17 de enero de 2010

El ingenioso saxofonista - libro segundo

Antes de comenzar, aprovecho para hacerme un poco de publicidad, pues he creado un nuevo blog. Se trata de lamusicadeaag.blogspot.com mediante el cual subiré mis partituras y sus audios a internet. Todavía no están subidas las que he hecho para ensemble (Puntos de vista, La esencia del aire, Viendo Televisión, Fantasma, Forma Sonata para ensemble) pero no tardaré mucho en hacerlo. Sí podéis ver un cuarteto de cuerdas, unas cuantas obras que hice hace unos cuantos años y tres obras para banda.

Todavía es pronto para comenzar, así que aprovecharé para repasar los personajes que han aparecido en el libro primero del ingenioso saxofonista.

Don Canini - Un saxofonista que de tanto tocar contemporáneo se volvió medio loco (la otra mitad de la locura ya venía de serie).

Pablo el de Rosendo - Escudero pianista acompañante que al principio solamente sabía hacer rodar la pianola y descubre sus habilidades pianísticas gracias a Don Canini.

Ana de Novelda - La joven muchacha que arma "saxofonista andante" a nuestro protagonista

Santi de Aspe/Egipto y sus colegas - El joven muchacho que sin saberlo le otorga a Don Canini la abrazadera mágica de goma elástica y el trapo de fierabrás

José Alberto - Malvado mago murciano que dice ser de Yecla que le hace la vida imposible a nuestro héroe.

Dulcisuay del Agosto - Maestro imaginario de Don Canini, con unas supuestas habilidades con el saxofón que van más allá de la imaginación humana. Nuestro saxofonista andante no emprende ninguna aventura ni concierto sin encomendarse a su maestro, como los buenos saxofonistas andantes de antes.

Carrillos Hamete Berengeneli - Escritor de la obra que yo traduzco. Se supone que es un nativo de Senofoxas, legendario pueblo que invadió la península ibérica hace muchos años sin que nadie se diera cuenta.

-----

-- Capítulo cuatro: De como Don Canini empezó su aventura en las montañas

Cuando salieron del autobús en el que creían que volvían a su casa se descubrieron en un pueblo desconocido. Pablo estaba asustado de la novedad, pero Don Canini estaba tan emocionado que le iba preguntando a la gente dónde estaba el conservatorio de esa villa. Nadie sabe cómo, pero acabó en la banda. Sin embargo estab lúgubre porque su saxofonista más ilustre había decidido marcharse a las montañas nadie sabe por qué. Don Canini dispuso traerla de vuelta y se embarcó hacia donde sólo el destino sabía. Pero como el destino favorece siempre a los grandes, o eso dicen, nuestro saxofonista andante no tuvo problemas para localizar a la saxofonista ilustre del pueblo que habían abandonado. ¿Cómo la reconoció? Llevaba un saxo a cuestas.

Sin embargo, a ella por lo visto no le hizo mucha gracia que viniera a perturbarlo otro saxofonista y, con su tenor, empezó una batalla encarnizada a muerte por defender su soledad. ¿El arma? Tenis Slap.

Los mandobles de Slap iban y venían, a veces con armónicos, a veces con frulatos, pero siempre con una potencia y precisión implacables. Pablo no  había visto semejante batalla en su vida y se dolía de que no hubiera ningún piano o pianola cerca para poder acompañar a don Canini. Entonces, aunque un servidor piensa que es un error de coherencia de Carrillos Hamete, Pablo empezó a tocar el saxo que llevaba en las alforjas. No ayudó a Don Canini a ganar la batalla, que quedó en empate, pero descubrió las maravillas de la respiración circular. Podía no parar de tocar sin dejar de respirar. Es más, podía tocar sin respirar. Así descubrió su potencial para cruzar el océano atlántico buceando sin necesidad de respirar, siempre y cuando estuviera tocando el saxofón. Entre esos y otros pensamientos, pronto se dio cuenta que la batalla de su maestro alcanzaba el clímax. En eso María José, que así se llamaba la ilustre saxofonista, hizo un alto en la batalla y exclamó:

- Por Pirrili que nunca había visto un saxofonista con tal dominio del slap capaz de competir de igual conmigo. Siento haberte confundido con un vulgar aprendiz que venía a incordiar mi meditación.

- ¿Y por qué meditas pudiendo dar conciertos en el conservatorio de tu pueblo y los vecinos?

- Medito para perfeccionar mi técnica y vencer a los malvados ritmos minimalistas que atacan el mundo.

A Don Canini le pareció un propósito tan bueno que decidió que él también meditaría en la montaña durante una temporada. Mandó entonces a su escudero para que le diera una carta a su maestro Dulcisuay del Agosto para explicarle que no volvería en un tiempo pero que, cuando lo hiciera, volvería hecho todo un maestro de alguna técnica todavía por descubrir para hacer así honor a su nombre. Así fue como, con lágrimas en los ojos, Pablo el de rosendo partió (y llegó sin saber cómo) hacia su pueblo natal a buscar en el Agosto al maestro de su maestro.


-- Capítulo cinco: De cómo no entregó la carta Pablo el de Rosendo a Dulcisuay y de como Edu, el argentino pianista del pueblo, convenció a Don Canini para volver a Agost.

Descubrió en el pueblo Pablo que el verdadero nombre de Dulcisuay del Agosto era José Antonio Antón Suay y que en realidad tenía una agencia de viajes. Al saberlo se desilusionó tanto que pensó que el malvado José Alberto lo había hechizado haciéndole creer que era agente de viajes y no el gran saxofonista que su maestro le había contado. Decidió por tanto no entregarle la carta y decírselo todo a su maestro cuando lo viera. 

La noticia de la llegada de Pablo sin Canini conmocionó tanto al pueblo que la hermana del andante suplicó ayuda al único en la faz de la tierra que podría traerlo de vuelta. Se trataba de EduRuix, un pianista-argentino de Tomelloso con mucha labia y capacidad de liderazgo. ¿Por qué Don Canini no lo escogió a él como Escudero Pianista Acompañante? Porque era Argentino y prefería a alguien de su círculo de amistades de la infancia.

Pero todos profesaban un gran respeto y admiración por Don Canini y deseaban que se le curara su media locura nueva que le hacía querer ser saxofonista andante como los de antes. Quemaron sus obras contemporáneas dejando solo Retornos, Arabian-Gipsy Promenade y Sax Ex Machina por ser estrenos del maravilloso curso de Inalme, reconocido mundialmente, y entonces Eduruix convenció a Pablo para acompañarle en el viaje de vuelta y así recuperar a Don Canini para el pueblo de Agost.

-- Capítulo seis: De Cómo trajeron de vuelta a Don Canini y de la determinación que tomó de meditar en agost por tres meses para emprender la gran búsqueda

En realidad, la gran búsqueda es lo que emprende Bastián en la historia interminable pero Carrillos Hamete Berengeneli comenta que fue Michael Ende quien, sin darse cuenta, fue influenciado por los Senofoxas y le hizo poner esos nombres. Nos cuenta que mientras Pablo y Eduruix llegaban a las montañas de Castalla donde meditaba con María José, Don Canini descubrió su nueva técnica: Los Multifónicos. Había oído hablar de ellos, pero los dominó con tanta maestría que María José, al oírlos, le comentó que su dominio era tal que bien parecía que los hubiera inventado él, aunque ya existieran. Entre esas y otras pláticas arribaron Pablo y Eduruix.

- ¡A buena hora llegas y con un testigo para mi nueva técnica!

Antes de que Pablo pudiera decir nada, les dio un recital que les maravilló. Así, al de Rosendo se le olvidó darle la mala nueva sobre el hechizo en el que había caído su maestro y prosiguieron su viaje. Como No quería volver a Agost, Eduruix tuvo que demostrar su ingenio de argentino y le dijo:

- He oído que el conservatorio de París ha venido con Pierre Boulez a Agost...

No le hicieron falta más argumentos a nuestro andante saxofonista para querer regresar a su patria. De camino, tuvieron que descansar en la banda que el creía conservatorio donde se había armado Saxofonista Andate. Allí estaban Ana y Santi -quien había ido a llevarles partituras como buenos amigos-. Ana le contaba chistes sobre ranas mientras Santi le enseñaba a escribir y a leer en Egipcio cuando entraron por la puerta buscando refugio. Eduruix les puso al tanto de la historia y, como Don Canini quería dar un concierto allí para calentar y querían llevarlo como fuera de vuelta a casa, se las ingeniaron para, mientras dormía, encerrarle en una jaula de madera. Cuando despertó, asustado, se dio cuenta de que había caído en un hechizo de José Alberto y aunque los que le llevaban hacia quién sabe dónde tenían la cara de Eduruix, Santiago y Ana, en realidad eran psicarios del mal o clarinetistas disfrazados. Pablo no sabía muy bien que pasaba, pero los siguió hasta Agost donde fue liberado.

En su pueblo, mientras bebía horchata, Pablo recordó lo que había olvidado decirle a su maestro y, al escuchar la mala noticia, Canini se deprimió y comentó:

- Oh, he fallado a mi maestro Dulcisuay y he de encontrarle una cura para su maldición. José Alberto me capturó en la jaula y me llevó a mi pueblo pero impidiéndome ver a Boulez para que me doliera más y ahora hechiza a mi maestro convirtiéndolo en un agente de viajes. ¡Debo de deshacer el maleficio de alguna forma que sólo los saxofonistas andantes conocen! Meditaré, como en Castalla, durante el tiempo que haga falta, y descubriré alguna nueva técnica para afrontar la gran búsqueda para deshacer el maleficio.

Y así fue como se quedó meditando durante tres meses, una semana, cuatro días, una hora, cinco minutos y veintisiete segundos hasta que decidió emprender su gran búsqueda. Pero eso es otra historia y será contada más adelante.

--------

No os perdáis la próxima entrega del Carrisuay en la cuál disfrutaremos de la última entrega de las aventuras de Don Canini y tendrán su aparición los personajes que faltan (Edu Sellés, Bárbara, Claudia, Cristina y yo). ¿Conseguirá Don Canini deshacer el maleficio de Dulcisuay?

¡¡Hasta la vista Carrisuayxos!!

lunes, 11 de enero de 2010

El ingenioso saxofonista - Libro Primero

Hola Carrisuayxos.
El otro día los reyes magos se personaron en mi casa y me dieron un regalo. Se trata de un manuscrito muy antiguo escrito en la vieja lengua de los Senofoxas, un pueblo que invadió la península ibérica hace muchos años de forma tan sabia y tan discreta que nadie se dio cuenta de ello. Entre ellos había grandes escritores que contaban las épicas de sus hérores e, incluso, de héroes ajenos o rivales. Su vieja lengua se perdió, pero encontré un traductor en internet (ya se sabe que en internet hay de todo) y me dispuse a traducirlo. El libro narra las historias de un tal Don Canini de Agost y su escudero Pablo el de Rosendo. Las aventuras han sido relatadas por uno de los más sabios cronistas de su época, el renombrado Carrillos Hamete Berengeneli. Sin más artificio, paso a contaros la historia. Espero que os guste:

----------

----------

-- Capítulo uno: De cómo Don Canini de Agost es armado Saxofonista.

En un barrio de Agost , de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un saxofonista de los de caña en boquillero, slap potente, estuche enorme y abrazadera de goma elástica. Se cuenta que, de tanto interpretar obras contemporáneas secósele el seso e iba por su barrio convencido de que todo el mundo gustaba de esa música. Hurgando por entre sus pertenencias, buscaba equipo para partir a la aventura.
Encontró un atril medio oxidado, un saxofón barítono con la llave de octava unida mediante cinta aislante, partituras medio roídas y una bicicleta de montaña de hace más de veinte años. Había decidido su aventura: convertirse en un saxofonista andante, de los de profesor famoso. El nombre que había escogido para su profesor era Dulcisuay del Agosto. Su hermana le decía que en Agost no había ningún conservatorio y mucho menos uno que pudiera albergar a alguien de la calidad que el saxofonista decía que tenía su maestro. Así, poco a poco, se fue dando cuenta de que necesitaba hacer una prueba de nivel para que le dieran el título y poder ejercer como saxofonista. Fue de esta sin par forma como comenzó su primera aventura: Partió sin avisar de las tierras de Agost y llegó a Novelda, donde había escuchado que había un gran conservatorio. Se plantó delante de la banda del pueblo y gritó: "¡A del conservatorio! Se presenta ante ustedes Don Canini de Agost, alumno aventajado del maestro Dulcisuay del Agosto para que se le realice una prueba de nivel, mero formalismo para poder cabalgar las tierras en busca de aventuras y conciertos". De dentro se escuchó un ruido, como de atriles caer al suelo y pasos precipitados. Se abrió la puerta y una mujer de pelo rizado le abrió la puerta: ¿Quién eres? esto no es ningún conservatorio.
- Ah, veo que a vos concertista de la filarmónica de esta villa os han hechizado y hecho creer que el lugar que pisas no es un conservatorio pero yo sé que sí, que para esto tengo mucho ojo y, creédme, no suelo equivocarme. Tú me harás la prueba de nivel pero antes dime tú nombre, oh concertista.
La pobre chica que había salido con prisas de la habitación donde estaba estudiando la escala de do # menor por terceras tirando por el camino atriles y percusiones varias, le contestó que se llamaba Ana y que también tocaba el saxo. Sin más pregunta se adentró nuestro saxofonista a lo que el pensaba conservatorio, montó su viejo saxofón barítono y se puso a tocar. Ana se quedó maravillada con el dominio del Slap y de los sobreagudos y, en parte para que le dejara estar, le escribió en una servilleta de papel (pues no encontraba ningún útil impregnable más adecuado) que había superado la prueba de nivel, cualquiera que fuera.
Así fue como Don Canini se armó Saxofonista y decidió recorrer toda la provincia de Alicante dando conciertos y recitales. Antes de marcharse, como si se hubiera olvidado de algo, le dijo a su firmante:
- Y, no se preocupe que yo me encargaré del mago malvado que os ha hechizado haciendoos pensar que vuestro conservatorio es banda y no lo que es en realidad. Se llama José Alberto y es un mago murciano muy malvado que dice que es de Yecla para engañar a los incautos.

Y Don Canini regresó a su barrio sabiendo que, como todo concertista andante, necesitaba un escudero pianista acompañante que le ayudara a dar los recitales.

--Capítulo dos: De cómo Pablo el de Rosendo es vuelto escudero pianista acompañante.


No muy lejos de donde vivía nuestro saxofonista había un restaurante en el cual trabajaba de vez en cuando un mozo no muy hábil para distinguir colores, pero que se pasaba las tardes tocando la pianola (es decir, dándole vueltas a la manivela que accionaba el mecanismo que la hacía sonar). En él pensó Don Canini cuando necesitó un escudero pianista acompañante y a él se dirigió nada más arribar a su casa, sin apenas descansar.
Llegó al restaurante donde a veces trabajaba y no lo encontró. Le dijeron que se había ido con la moto a no sé donde. Don Canini sí que lo sabía y no tardó en encontrarlo. Su nombre era Pablo y le llamaban "El de Rosendo" en honor a su padre, un excelente electricista de los de antes, cable en mano. Iba vestido todo de verde, a pesar de ser ese el color que menos reconocía y estaba mirando en el tablón de la casa de cultura un póster de la actuación que hubo el viernes pasado de algún cuarteto de cuerda sin importancia. Se le acercó Don Canini y le dijo:
- Maese Pablo, no malgaste su talento en esmirriados cuartetos de cuerda. Véngase conmigo de escudero pianista acompañante pues de buena mano sé que usted se maneja bien con las teclas y yo le haré director no de un cuarteto de cuerdas, sino de una orquesta filarmónica como nunca una se ha conocido: La orquesta filarmónica de la ínsula de Barataria (la OFIB).
- Pero, señor, yo no sé tocar el piano, solamente le doy vueltas a la manivela de la pianola... ¡y mucho menos podría hacer de pianista acompañante!
- Tirapallá nene y vente a acompañarme, que de todos es sabido que los instrumentos de tecla son los más fáciles, que cuando pulsas la nota ésta suena y no hace falta afinarla ni nada.
Pablo intentó replicar, pero Don Canini de Agost ya le estaba agarrando de la camiseta y llevándoselo a una nueva aventura. Había oído hablar de que en egipto sabían manejar muy bien el oro y quería una abrazadera de aquel material noble para que su instrumento sonara, según había leído en algún libro de abrazaderas, más cálido y profundo.

-- Capítulo tres: De las aventuras que Don Canini y Pablo vivieron en Aspe pensando que era Egipto.

Un día tardaron en hacer las maletas y llenar las alforjas de provisiones, pues se disponían a viajar al cálido y lejano Egipto. Montaron al primer bus que encontraron y, aunque ponía Aspe, Don Canini alegó que era otro hechizo del malvado José Alberto y que no había de qué preocuparse pues él podía ver a través de sus hechizos. Entre éstas y otras pláticas, Pablo no pudo aguantar el cansancio y cayó rendido en su asiento del autobús. Cuando se levantó, habían llegado ya al hechizado Egipto.
- Juraría que sólo he dormido durante 15 minutos.- dijo Pablo.
- Oh, no, mi amigo, eso es lo que el malvado José Alberto quiere que pienses. Hemos atravesado montañas y océanos enfrentándonos a los más peligrosos retos jamás imaginados. Para costear el viaje he tenido que, encomendándome a mi maestro Dulcisuay del Agosto, deleitarlos a todos dando un concierto con todas las cadencias que me sabía, más alguna improvisación de Rio Noda y alguna obra contemporánea de Sixto Herrera. Tan satisfechos quedaron todos que no tuvieron problemas en dejarnos viajar en el barco y luego en el autobús hacia Egipto. Ahora dirijámonos al conservatorio de Egipto, que seguro que allí tendrán la abrazadera de oro que me estará esperando desde tiempos inmemoriales.
Pablo siempre había pensado que en Egipto haría más calor, pero le pareció tan convincente la explicación de su compañero que no se quejó más.
Caminaron por las calles y, frente a un local, Canini se paró de golpe:
- ¡A del conservatorio! Vengo a ganar la que sin duda me merezo abrazadera de Oro.
Le abrió un hombre risueño y moreno, con mucha planta de egipcio que le dijo que era una banda y que no tenían abrazaderas de oro. Apareció entonces a su lado otro idéntico a él y Don Canini le dijo entredientes a su escudero:
- ¿ves? Está bajo el hechizo de José Alberto y le ha aparecido un gemelo que seguro que es malvado.
El hombre se llamaba Santiago y su gemelo, malvado según Don Canini, Vicente. Santiago era un saxofonista de la banda de su pueblo que no era Egipto, sino Aspe. No obstante, la verdad es que sí que dominaba el lenguaje jeroglífico y en vista de la locura de su huésped, urdió un plan para deshacerse de él y que todos fueran felices. Le dijo lo siguiente:
- Señor, teníamos la boquilla de oro que usted decía, pero el malvado mago José Alberto la hechizó y la transformó en esta cuerda elástica.
- Oh, qué torpe José Alberto, sin saberlo ha convertido la boquilla de oro en algo más preciado todavía: "La goma elástica de Mambrino". Déle un piano a mi escudero, que vamos a tocar una obra como jamás escucharás otro, en honor a mi maestro Dulcisuay del agosto, a quien me encomiendo.
Y fue así como dio su primer recital con escudero pianista acompañante. Y, a pesar de su locura (que algunos dicen que fue transitoria en el tiempo en que duraron sus aventuras), consiguió deleitar tanto a los allí presentes que se arrepintieron de solo obsequiarle con la goma elástica y le dieron también un trapo para limpiar el saxofón. El trapo de Fierabrás. Lo usó con su saxo y dijo que lo había limpiado como sólo un trapo mágico del nivel de aquel podía hacer. Pablo lo intentó usar en el piano que acababa de usar pero lo dejó mojado. Refunfuñando escuchó las palabras de Don Canini que le dijeron:
- Debe ser que el trapo de Fierabrás sólo posee sus propiedades mágicas cuando limpia saxofones y que a los otros instrumentos, por su condición de objeto mágico, les hace más mal que bien.
- Ah, pues quédese usted el trapo de FieroUbis ése y yo seguiré limpiando los pianos y pianolas con su tapete como hasta ahora.
Y así fue como Don Canini de Agost consiguió completar su equipo y partió en busca de más y más conciertos acompañado de su fiel escudero pianista acompañante Pablo el de Rosendo.

----------

----------


Bueno, y hasta aquí la primera parte de la historia. En la próxima parte veremos las aventuras que viven de camino a Agost, que no serán pocas. 

¡Hasta la vista Carrisuayxos!