lunes, 22 de febrero de 2010

El ingenioso Saxofonista - Libro tercero

Bien podría ser el retorno del barítono, como en el señor de las boquillas, pero no. Estamos ante la ¿definitiva? parte del ingenioso saxofonista, que tendrá que vérselas crudas para deshacer el maleficio que el malvado José Alberto impuso a su maestro Dulcisuay del Agosto.

Antes de comenzar, una breve recapitulación de los personajes nuevos de la entrega anterior:

María José: Gran saxofonista de Castalla, Reina del slap y compañera de meditaciones de don Canini.

Eduruix el pianista argentino tomellosino: Eminencia del saxo muy sagaz de quien se piensa que tiene la capacidad para devolverle la media cordura a Don Canini.


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-- Capítulo siete: De como Don Canini retoma su búsqueda para desencantar a su maestro.

Pasaron los días y Don Canini pronto se vio listo para partir. Buscó en el barrio a su inseparable compañero, que no estaba muy por la labor:

- He viajado mucho con usted, pero no he visto nada acerca de dirigir la orquesta de Baratijas ni Barataria.

- Che, Tirapallá nene y vente conmigo, que la vida de un escudero pianista acompañante andante es dura pero siempre se ve recompensada.

El de Rosendo no era muy difícil de convencer y, sobre todo, no era nada amante de las discusiones, así que cedió y decidió acompañar al andante en su búsqueda. Fue a despedirse de su familia y amistades. Preparó las provisiones para el viaje y fue a reunirse con Don Canini. Salieron al amanecer y fue algo tan repentino que ni Eduruix pudo percatarse de las intenciones del barítono para impedírselo. Sin embargo, tenía un plan.

Partieron nuestros dos aventureros dirección a Alicante pues habían escuchado rumores de que ahí, en el conservatorio, existían grandes sabios con grandes remedios para grandes maldiciones. Además, también era sabido por todos los saxofonistas andantes que allí se realizaban pruebas donde cada músico podía demostrar su valía, por lo que era el destino más indicado para ellos. El camino fue duro y llegaron a un conservatorio, pero era el de San Vicente. En la puerta se encontraron a un saxofonista enmascarado que decía ser el Saxofonista de los espejos y quería retar al gran Don Canini para demostrar su valía. Quería apostar su determinación: Si Don Canini ganaba, podría hacer lo que quisiera con el de los espejos. Si, por el contrario, el de los espejos resultaba vencedor, Don Canini tendría que volver a Agost y descansar por un año. 

Nuestro andante, emocionado, aceptó y enseguida comenzó la épica batalla de slaps, armónicos, estudios del ferling... Y el caballero de los espejos tuvo tan mala suerte que la llave del sol # se le quedó pegada y falló esa alteración, saliendo por lo tanto Don Canini vencedor del duelo. Don Canini le exigió al de los espejos que fuera por todo lugar diciendo que había sido derrotado en justo duelo por él, que era alumno de Dulcisuay y, una vez lo hubiera hecho, se presentara ante él (Dulcisuay) y le comentara su hazaña. Cuando Don Canini marchó, el de los espejos se quitó su máscara y se descubrió que era Eduruix disfrazado. Pesaroso, volvió a Agost para pensar su nuevo plan para devolver a Don Canini a su pueblo.

Mientras tanto Don Canini caminaba hacia el conservatorio de Alicante y notaba como la gente cuchicheaba. De pronto, una niña se le acercó y le preguntó:

- ¿Es usted Don Canini el famoso saxofonista andante cuyas aventuras relata Carrillos Hamete Berengeneli?

- No sé quién es ese Carrillos Hamete Berengeneli, pero desde luego que soy ese Don Canini. Y Berengeneli puede considerarse afortunado al ser el sabio que relata mis aventuras.

La niña volvió con su familia y esbozaron una sonrisa algo burlona que Don Canini interpretó como de admiración. Por el camino se encontró con mucha gente que había leído sus aventuras en el blog y le preguntaba qué planes tenía para desencantar a Dulcisuay, o a qué conservatorios nuevos iría a probar su valía. A todo respondía con grandes palabras y no dudaba en mostrar sus habilidades saxofonisticas, para regocijo de los oyentes. Pero le sucedió que una vez se encontró con un hombre andaba un poco desorientado, pero con un saxo en la mano.

- Mira, ese hombre debe saber donde está el conservatorio. Seguro que va a probarse honorablemente allí en el monte tossal. Preguntémosle cómo llegar, Pablo el de Rosendo. Disculpe - dijo dirigiéndose al saxofonista desorientado. - ¿Sabe cómo llegar al conservatorio de Alicante?

- Precisamente vengo de allí. Se me rompió la última caña y se me olvidaron las de repuesto en casa y bajé para comprar un paquete en la tienda de abajo pero debieron darme mal las indicaciones porque llevo un buen rato buscando. Me dijeron "Baja la cuesta y sigue a la izquierda hasta que veas el cartel de Leal Musical" pero yo no hago más que ir a la izquierda y no la encuentro. Oh, ¿No pone allí "Tienda de Música"?

- En efecto, no me había fijado. Pero no pone "Leal Musical", sino Klavier. Aunque supongo que tendrán cañas.

- Oh, menos mal, sino mi maestro AntónSuay se enfadará por llegar tarde a clase. Aunque seguro que está tomándose un Café con JaviCa y JuanCar Sempere.

- ¿Ha dicho AntónSuay? Mi maestro se llama Dulcisuay. Seguro que son hermanos o algo así. Debo darme prisa y llegar a las montañas donde está el conservatorio. ¿Me podría indicar cómo se llega?

- Pues yo vengo de ahí. Siga recto hasta que encuentre la cuesta por la que bajé yo y llegará.

- Muchas gracias. ¿Podría decirme su nombre, honorable Saxofonista?

- Arturo, ¿y el vuestro?

- Don Canini de Agost y él es mi escudero pianista acompañante Pablo el de Rosendo.

Así fue como Arturo consiguió comprar las cañas, aunque un poco más lejos de donde se había planteado comprarlas y Don Canini encontró el camino para llegar al monte Tossal donde estaba el conservatorio de Alicante.

-- Capítulo ocho: De las aventuras que vivió Don Canini para llegar al conservatorio, de su sobrenombre y de su encuentro con los Duques.

Sucedió que mientras iba de camino al monte, nuestro saxofonista andante se topó con una mujer muy atareada que llevaba un cargamento en la misma dirección que iba él. Le sorprendió tanto que le preguntó quién era y qué llevaba.

- Soy Claudia, alumna de AntónSuay y le llevo las peligrosas escalas para su disfrute personal.

- Oh, Escalas. Todo saxofonista que se precie debe dominarlas y más si quiero presentarme ante el hermano de mi maestro. Déjeme dominarlas.

- ¡Pero son muy complicadas! Son con todas las alteraciones, negra a 120, pulsación de semicorchea, diatónicas, por terceras, por cuartas, con armónicos, con todas las ligaduras y haciendo el pino mientras pones los ojos bizcos.

- Escalitas a mí... ¡Trae eso que las voy a tocar ahora mismo!

Y se puso a tocarlas para sorpresa de Claudia. Ella podía tocarlas salvo por un detalle: Era incapaz de hacer el pino mientras las interpretaba y, mucho menos, poner los ojos bizcos a la vez. Pero, nadie sabe como, Canini lo consiguió. Entonces Claudia cayó en la cuenta de que se trataba de Don Canini, el del carrisuay, y llamó por móvil a sus colegas de cuerda (pues ella tocaba el soprano) advirtiéndoles de la llegada de tan peculiar personaje al conservatorio.

- Oh, mi estimado Pablo, ahora, como muchos otros saxofonistas andantes, me he ganado un sobrenombre. A partir de ahora habrán de llamarme "Don Canini, el saxofonista de las escalas".

- Me parece un nombre muy apropiado. Espero que pronto me gane el sobrenombre de "Pablo, el director de la orquesta filarmónica de la ínsula de Barataria".

- Todo a su debido tiempo, mi impaciente amigo.

Y Pablo se puso a tocar fugas de Bach al piano. ¿A qué piano? A uno que apareció casualmente detrás de un arbusto. Y entre esas interpretaciones y otras más variadas consiguieron llegar al monte tossal donde aguardaban dos figuras imponentes. Dos Personas del norte, de la marina baixa, que sonreían para sí.

- Usted debe ser el famoso Don Canini de Agost. Nosotros somos Edu Sellés y Bárbara, los sopranos - y duques- del conservatorio de Alicante.

- Oh, debéis ser gente muy importante. Aún así me temo que Carrillos Hamete Berengeneli aún no ha actualizado su blog, porque mi sobrenombre ha cambiado. Ahora soy "el saxofonista de las escalas". Vengo en busca de AntónSuay para preguntarle el remedio contra la maldición que afecta al que debe ser su hermano, a quien han transformado en un trabajador de una agencia de viajes.

- No se preocupe. - contestó Bárbara- Ahora mismo está tomando café con JuanCar Sempere y JaviCa, pero nosotros le atenderemos mientras tanto. Además, se celebran las pruebas de acceso y, con su fama, estamos seguros de que quiere probar su valía.

Hicieron que Don Canini tocase y tocase, pero nunca se cansaba. Querían comprobar su locura, pero muchas veces les sorprendía su insospechada sagacidad. Bautizó a Eduardo como "Edu ¿si? ¿yes?" cosa que al soprano no le hizo mucha gracia.

Pasaron los días y, aunque la compañía de los soprano le era muy grata, decidió abandonarlos junto Pablo pero, cuando iban a salir de donde estaban, se encontraron con un hombre grande y con abundante vello facial con pintas de ser de la montaña que no paraba de gritar: "Parecéis una banda de pueblo" a los pobres músicos que pasaban por allá.

- Con la banda hemos topado, Pablo. No creo que podamos pasar por aquí. Quizá será mejor que volvamos donde los soprano y les preguntemos si AntónSuay ha vuelto ya de tomar café.

Cuando llegaron, los soprano se alegraron mucho, pues iban a poder volver a reirse a gusto. Sin embargo, lo disimularon echándoles la bronca.

- Ahora que hasta teníamos lista la OFIB para que Pablo la dirigiera.

A Pablo se le hicieron lágrimas en los ojos y no pudo contener su Alegría. Fue entonces cuando sus caminos se separaron y Pablo comenzó a dirigir la orquesta que le habían prometido. Lo que no sabía él era que no era ninguna orquesta filarmónica ni de Barataria, sino que era la orquesta de primer ciclo de grado medio. Le tocaron la cucaracha en su primer ensayo, mientras ensayaban otra obra y, ni corto ni perezoso, cambió al violín que la tocaba y le puso a tocar la viola. Al pobre violinista le entraron ganas de ahorcarse con las cerdas del arco, pero se contuvo porque estaban siguiendo las órdenes de Eduardo y Bárbara, los duques y soprano de la zona. Mientras, Don Canini conoció a una chica que quería tocar el soprano en la banda, pero le tocaba siempre tocar el alto. Se trataba de la cosmopolita -y mafiosa- Christina Scagliarini. Aunque Canini al principio se confundía y la llamaba "Christina Tortellini", ella no tardó en hacerle una oferta que no pudo rechazar. Nadie, ni Carrillos Hamete Berengeneli, supo nunca de qué se trató. Lo único que sabemos es que si Don Canini había pasado miedo alguna vez en su vida, fue aquella.

-- Capítulo nueve: De la resolución inesperada que Don Canini debe tomar para liberar a Dulcisuay de su maleficio.

Don Canini echaba de menos a Pablo, a quien imaginaba feliz dirigiendo la OFIB. Pero no tenía nadie a quien pegarle bascollás, y notaba su falta más que nunca. Para animarlo, Bárbara y Edu Sellés decidieron simular ser AntónSuay y encomendarle una misión para liberar a su maestro. Edu Sellés se puso una peluca rizada y un protector en los dientes y se acercó a nuestro saxofonista andante y le dijo:

- Si a Dulcisuay quieres liberar de su maleficio la respuesta a tu pregunta yo, AntónSuay, puedo dar. Tienes que hablar con Pierre Boulez para poder liberarlo. Sin embargo no podrás hacerlo tu solo y deberás reunir a un grupo de 9 intrépidos saxofonistas que te acompañen en el viaje a Madrid, donde se encuentra el gran maestro.

Don Canini entonces emprendió la búsqueda por el conservatorio para encontrar a los más válidos saxofonistas dignos de tal hazaña. A los primeros que reunió fue a Christina, Bárbara y Edu Sellés. Al poco entraron por la puerta del conservatorio Arturo y Claudia, que estaban merendando una napolitana y conversando.

- He tenido que ir a Elche porque no venías al conservatorio, ¿Qué te había pasado Arturo?

- Es que había encontrado un atajo, pero debí desorientarme un poco. ¡Oh, mira, mis cañas han brotado! 

Don Canini lo vio claro. Un saxofonista capaz de hacer brotar una caña tenía que poseer una capacidad sobrehumana o ser compositor, así que decidió hacerlo su compañero de viaje, así como a Claudia, quien era capaz de dominar las escalas y en el viaje para rescatar a Arturo de las tierras ilicitanas había aprendido a ejecutarlas haciendo el pino - pero todavía tenía que practicar para hacerlas con los ojos bizcos-.

Escuchó el resonar de unos slaps, así como chistes de ranas y rezos en jeroglífico. Eran Mariajosé, Ana y Santi que venían a hacer la prueba para ver si allí se encontraban con Don Canini. Al entrar, alguien le dijo a Ana que era amarilla como el saxo. Una persona del mismo color que su saxofón no podía faltar en su grupo y decidió hacerla su compañera, así como a los otros dos que iba con ella, ya que era el destino lo que los había traido.

El avión iba a partir y todavía le faltaba un compañero para completar la profecía que AntónSuay le había dicho. Estaba desesperado cuando escuchó el sonido de un piano. Era Pablo.

- Gracias por darme la oportunidad de dirigir la OFIB, pero he descubierto que la dirección no era lo mío. ¿No me decía el del guitarrón de cuatro cuerdas grande que soplando no sonaba su instrumento? Así que he decidido acompañarle, pues tenemos que liberar a Dulcisuay de su maleficio.

Don Canini se emocionó tanto que le dio un abrazo y a grito de "Tirapallá nene" le dio una bascollá que le impulsó hasta el avión.

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Os ha sorprendido, ¿eh? Pensabais que las aventuras de Don Canini iban a terminar con esta entrega y ahora parece que no va a ser así. Lo que termina es "el ingenioso Saxofonista"porque en la siguiente entrega se descubrirá el misterio de Dulcisuay, las andanzas del ensemble en Madrid buscando a Pierre Boulez, cómo se formó el Carrisuay y las aventuras que vinieron después. La siguiente entrada será "Así habló Don Canini", donde se nos enseñará una gran lección filosófica sobre la vida del saxofonista andante. ¡No os la perdáis!

¡Hasta la vista Carrisuayxos!

1 comentario:

Eduardo dijo...

ni una actualización por los preparativos para menorca... la visita de oscar navarro ni nada?? hombre arturo... xDDD! Mañana nos vemos!