domingo, 7 de marzo de 2010

Así habló Don Canini

Sin embargo,las dimensiones de Pablo el de Rosendo no eran las adecuadas y tenía que ser facturado. No obstante, se eligió facturar la maleta de Christina, porque daba más miedo (ella, no la maleta).

El viaje a Madrid fue breve, pero intenso. La historia de Don Canini sufre ahora un paréntesis y a la vuelta de Menorca descubriremos el verdadero desenlace. Mientras, esta entrada y la siguiente resumirán a groso modo los eventos más esperados del Carrisuay. Madrid y Menorca.
Como iba diciendo, el viaje a Madrid fue intenso. Llegamos al aeropuerto a la hora señalada y esperamos hasta que Carrillos apareció y se hizo la hora de embarcar. Estábamos Edu Sellés, Ana, Maria José, Canini, Santi, Christina, Claudia, Bárbara, Laura, Pablo de la fuente, Isaac (o Job, o algo así bíblico), ismael, Sempere, Carrillos, Suay y yo. Durante el viaje se apreciaron varios fenómenos: Una creciente rivalidad entre Canini y Sempere; El humor de éste último; La maleta gigantesca de Christina; Claudia aprendiendo a jugar al Póker; El saxo rosa; La carrera por el metro; la cafetería contemporánea... Eso sin contar los metereológicos, que no fueron pocos.
Después de un tranquilo viaje en avión llegamos a Madrid y comenzamos a recorrer el metro haciendo mil trasbordos. Uno llegaba a pensar que, realmente, Madrid no tenía cielo. Pero cuando empezaban a afianzarse dichas especulaciones, subimos unas escaleras y el débil sol de la tarde nos devolvió las esperanzas. Fuimos al museo de arte contemporáneo Reina Sofía, aprovechamos para ir a la cafetería contemporánea donde todo era contemporáneo (a veces tanto que resultaba inútil). Sí, dicha palabra fue la más pronunciada de todo el viaje.
Los que no habíamos comido en el Burguer King del aeropuerto decidimos ir a un bar de al lado de la estación de Atocha a pedirnos unos bocadillos que la verdad es que fueron lo mejor, gastronómicamente hablando, del viaje.
Después la lluvia nos atacó, nos pusimos todos enfermos (sería el Jet Lag madrileño, no por desfase horario, sino por desfase de "prisas") y nuestros queridos profesores empezaron a hacer de dealers con las pastillas y antibióticos. Después de deambular por el museo donde descubrí un error en el programa (decían que tenían una obra de Dalí que en realidad no estaba expuesta ni lo había estado) asistimos al concierto del ensemble Intercontemporain, acto central de nuestro viaje. La primera parte fue más floja que la segunda, pero estuvo bien a líneas generales, dentro de lo que es la música llamada contemporánea y el gusto que pueda despertar a los oyentes más o menos entendidos.
Cuando terminó el concierto, volvimos al metro, pero ya con menos prisas, y llegamos al hotel Praga. Nos instalamos en las habitaciones (cuyos números memoricé sin querer: 221, 227, 228, 703, 728, 828, si mal no recuerdo), dejamos las cosas, exploramos el minibar sorprendiéndonos de su exagerado precio y bajamos dispuestos a cenar. Para ir a donde queríamos cenar tuvimos que coger el autobús número 23, que por lo visto me persigue. Llegamos al centro y empezamos a cerrar bares y sitios, hasta que conseguimos que nos acogieran en el más tradicional de los locales de Madrid: el McDonalds. Ahí cenamos, asistimos a un duelo verbal entre Canini y Sempere que ganó el profesor (pero, recuerda, ¡puedes haber ganado una batalla pero la guerra es muy larga!), Maria José se tomó un mcflurry y nos encaminamos a Populart a ver un concierto de Jazz. Después del concierto, Canini le pidió al saxofonista rosa que le hiciera una foto con su saxo (rosa), lo cual al hombre, que era amigo de Carrillos, no pareció hacerle demasiada gracia. Por el camino, Bárbara casi se ahoga pisando el que debía ser el único agujero de todo Madrid. Pablo de la fuente ya estaba perfectamente integrado por aquel entonces y yo empecé a aprenderme el nombre de Job. ¿O era Isaías?
Luego del concierto, unos amables taxis nos llevaron al hotel. Decir que en Madrid, los taxistas te cobran lo que quieren gracias a los suplementos, que los aplican con cierto criterio aleatorio. Ya sabemos dos juegos de riesgo: "la ruleta rusa" y "el taxi madrileño". "El saxo rosa" también es bastante riesgoso, pero dudo poder calificarlo como un juego.
Una vez en el hotel mientras la gente jugaba al juego de cartas "Culo", yo le enseñé a Claudia a dominar el juego del Póker modalidad Texas Hold'em. Pero había sido un día duro y pronto se fue cada uno a su habitació (y dios en la de todos) y a dormir. Bueno, Canini y Edu no paraban de quitarse la almohada y pegarse ostias. Supongo que eso es lo que se llama "Amor".
Al día siguiente todos tuvimos que esperar a Suay, que era encima el que más decía de madrugar. Fuimos a desayunar a un bar cercano porque cuando lo mirábamos salió el encargado y nos dijo que tenían comedor, pero no nos dijo que había 12 plazas y 4 se tuvieron que quedar de pie. Pero el sandwich estaba muy bueno. Jugamos a "el taxi madrileño", que nos dejó en Atocha (donde vimos la peregrinación taxística más grande que habíamos soñado), dejamos las maletas en consigna y nos fuimos a recorrer Madrid. Vimos una exposición de Miquel Barceló (que fue lo más Balear que hicimos en el viaje) y buscamos un sitio de comer. Sitio que era especialmente cochambroso y donde comimos, al menos yo, fatal. El peor cocido de mi vida, si es que a eso le podía llamar cocido. En él tuvimos una discusión sobre la música contemporánea Suay, Carrillos, Sempere y yo de la que no voy a hablar ahora porque bastante se habló aquel día. Suay se compró un gorrochubasquero, digno del más ingenioso de los inventos de Doraemon, y fuimos camino del Prado. Vimos el museo y volvimos hacia el aeropuerto, esta vez sin tanta prisa. Ismael, quien cuando estaba en segundo de elemental le comentó a Suay acerca de la bolsa, parecía un firme candidato para ser el sucesor mío en esta empresa de escribir y escribir. Aunque Pablo de la Fuente y Jacob (¿o era Moisés?) también parecían muy muy interesados. Nos hicimos muchas fotos, hablamos mucho de saxos rosas y finalmente llegamos a Alicante donde le echaron la bronca a Laura porque sempere le hacía una foto mientras bajaba del avión. Hay que ver, qué corta rollos.
Edu Sellés aprendió que le mola volar, a Canini no le gustó tanto y Santi se volvió más blanco de lo que nunca había estado, dejando la nacionalidad egipcia por la sueca durante la hora que duró el vuelo.
Quizá Don Canini se encuentre con Boulez en Menorca y descubra como desencantar a Dulcisuay y podamos concluir esta entrada del carrisuay con la frase más característica del profeta: "Así Habló Don Canini".

¡Hasta la vista Carrisuayxos!